![]() |
| "Permanezca en su asiento pequeña infante" |
Es la hora es la hora, es la hora de
jugar, brinca y salta… por qué será que amo tanto a los niños, sobretodo a los
más chiquitos? Por qué será que me alientan tanto sus comentarios y sus
pataletas? Por qué será que van a cine?
Los niños me gustan, no me mal
interpreten, me gustan cuando son responsabilidad de otros, cuando puedo jugar
con ellos y luego devolvérselos a sus progenitores para que los eduquen, pero
detesto cuando me incomodan en cualquier aspecto de mi vida vacía pero bastante
cómoda.
Creo que la evolución nos ha provisto de
la capacidad de encariñarnos con cualquier cachorro, sea un perrito o un niño;
ojo, no los estoy equiparando ni más faltaba, al menos al perrito uno le pega
con un periódico en el hociquito y aprende, pero a un niño toca educarlo y
ahora obviamente no se puede tocarlo ni con el pétalo de una rosa porque se
traumatizan (o trauman?)… Qué parto!
Por esa misma afinidad con los niños es
que uno se emboba, se emociona cuando los ve reír o correr, cuando ve sus
capacidades casi infinitas para jugar e imaginar cosas. Tienen incorporado un
chip para engatusarnos con sus manitos y sus dientecitos de leche, son unos
pequeños manipuladores.
Pero hay una situación en la cual
realmente prefiero la muerte antes de estar al lado de un pequeño engendrito:
el cine.
A ver padres amorosos, uno va a cine a
ver la película en cuestión, a reír o llorar pero a verla y escucharla, no
a aguantarse las impertinentes movidas
de sus niños, no quiero en mi sala de cine escuchar: “mami, tengo chichi” en
medio de la película, en serio, es demasiado incómodo estar uno tratando de
escuchar lo que dice Lotso cuando de pronto, zas, aparece el niño a echarle
crispetas so pretexto de ser gracioso el pequeño infeliz.
Edúquenlos por favor para que vean la
película y la dejen ver en paz para el resto de los mortales, que cada vez que
joden en medio de la sala de cine interrumpe mi bienestar y confort, es como si
cuando los estaban haciendo yo hubiera entrado a su cuarto y les hubiera dicho:
amigos, tengo chichi, me llevan al baño antes de que acaben?
Ahora hay D.V.D. de todo, incluso muchos
piratas, déjenlos en la casa y evítenos la fatiga de que manchen todo con sus
manos sucias de dulce y manteca, de que anden corriendo por todos lados cual
cachorros mal entrenados y gritando en la mitad de la función sus graznaditos
desafinados.
Yo grité y lloré cuando a E.T. lo iban a
matar y mi tía, de un certero pero efectivo golpe me puso en mi sitio y nunca
más en la vida volví a molestar a nadie en el cine, y eso que me llevaron
también a ver “El Niño y el Papa” y tuve que aguantar estoicamente ese tarrado
de babas. Y tampoco me dio chichi.






