Wednesday, June 4, 2014

Prisión Adulta

'Mi pobre angelito parte mil'

Colombia es un país extraño, un país sin memoria ni individual ni colectiva, donde las penas que imparte el sistema judicial no solo son desiguales como cuando a alguien lo mandan a la cárcel por robar chocolates y a gente que ha desfalcado el equivalente a millones de millones de chocolatinas solo les da una palmadita en la mano y los manda a veranear a la casa que compraron con el ilícito, sino que ha perdido de la mira a una parte importantísima de la sociedad: a los niños.

Es cierto que los menores tienen ciertas desventajas frente a los adultos en cuestiones de conocimiento, pero eso no puede ser excusa para dejar que se ‘descarríe’ toda una generación solo por el intento desesperado de tratar de mejorar nuestro propio pasado en las manos de los niños; siempre que me hablan de los niños como ‘seres de luz’ les pregunto a mis interlocutores ‘es que acaso ustedes nunca fueron niños?’… Los niños son el futuro, no se confundan, se deben cuidar en su condición de menores y procurar el mejor acceso para ellos a la educación y salud, pero eso no implica tomarlos a la ligera.

Miro con un poco de sorpresa pero algo de asombro en la Revista Semana (lea la noticia aquí) como registran el apuñalamiento de manera vasta y sangrienta de una niña a manos de sus compañeras solo para complacer a un personaje de ficción (como los que tenemos los adultos pero lo llamamos de otra forma), digo que veo ya sin sorpresa este tipo de noticias porque en realidad son el común denominador de la vida humana: trasgredir al otro siempre pensando solamente en nuestro propio beneficio, sea tangible, moral o simplemente imaginario.

En los Estados Unidos de América el sistema judicial es diferente, muy diferente, al que nos rige en Colombia, por eso las comparaciones no pueden ser directas como lo quiere la gente del común haciendo campañas populistas por prisiones perpetuas o incluso fusilamientos de aquellos que no han comulgado con la ley, pero sí me parece que tiene algo de coherencia cuando a las dos perpetradoras de tan execrable crimen (dos compañeras de la occisa) son puestas en prisión preventiva inmediata y se les establece una fianza de medio millón de dólares a cada una, con la posibilidad bastante real de que sean condenadas a cadena perpetua.

Lo anterior se basa en una premisa de las leyes norteamericanas: que si un niño es capaz de cometer semejantes actos aberrantes y ellos atentan contra toda lógica infantil, debe ser tratado y juzgado como un adulto. He ahí la argucia legal para tratar de poner en cintura a nuestros tan amados infantes que hacen y deshacen con la ley, quienes son utilizados para beneficios amañados por parte de las mafias, aquellos a quienes no se les puede siquiera dar una mirada cortante a sus actos porque ya pueden aducir un daño irreparable en su personalidad.

Soy muy liberal en muchos aspectos, pero me parece que eso es lo que se debe hacer: poner en cintura a los niños y jóvenes, devolverle el rol de educadores no solo de conocimientos sino de valores a los maestros que lidian con cientos de niños al día con un mísero sueldo, ser coherentes en las políticas internas de las casas y mostrarles a los niños las consecuencias de sus actos y que por cada acción incorrecta debe haber un castigo justo y total frente a las trasgresiones hechas… no voy a abogar por el maltrato infantil, pero sí creo firmemente en que el tipo de reprimendas que recibíamos cuando niños por parte de los adultos de ese entonces que tenían bien puestos los calzones no nos hizo los ciudadanos más ejemplares de la historia, pero al menos nos inculcaron (evidentemente a través de un miedo) valores y respeto, algo de cordura en un mundo sin sentido, algo de valores en una sociedad que permite hasta lo inenarrable con tal de llenar páginas en los periódicos, algo de dignidad.

Por ello creo que es prudente reevaluar las políticas no solo de cuidado a la infancia, también a las políticas criminales que los rigen, porque sino, este país y el mundo en general se irán destrozando poco a poco por aquellos a quienes estamos obligados a educar y entregar un mejor futuro: a los niños.


P.D.: Lo más alarmante, fuera del crimen, es que el abogado defensor de las niñas en cuestión en su afán por bajar la pena de las acusadas ahora se avoque a culpar a los padres, a la sociedad, al internet y de paso a los lectores de cada folio de la investigación… En verdad, en aras de la justicia, no se puede concebir semejante desvarío.

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